Altas Capacidades (II): características de los niños con altas capacidades


Las listas de posibles conductas sospechosas de un perfil de altas capacidades son innumerables. Estos listados, en los que se mencionan una cantidad larguísima de características, pueden inducir a error, ya que, de forma aislada, pueden exhibirlas niños que no presentan altas capacidades. Al igual que ocurre al leer las características de un trastorno psicológico, que da la impresión de que nuestros hijos las tienen todas o parte de ellas, con estos listados de características de niños de altas capacidades puede ocurrir lo mismo. Es muy frecuente que un adulto que lea uno de esos listados y, tras apreciar en un hijo dos o tres de esas conductas o patrones, sospeche que su hijo puede tener alta capacidad. Por ejemplo, si mi hijo, al que considero muy listo, se aburre en clase y presenta un comportamiento disruptivo por ello, puedo pensar que es una de las conductas que salen en esas listas, y que puede tener alta capacidad porque posiblemente se aburre al saber ya lo que están haciendo sus compañeros. Eso puede ser verdad o no, porque, entre otras muchas cosas, hay que tener también presente la baja tolerancia al aburrimiento de los niños de hoy día que están llenos de un mundo de estímulos cambiantes y novedosos. Es cierto que si un niño presenta un elevado número de características simultáneas, las probabilidades de que tenga un perfil de alta capacidad aumenten considerablemente. Por otra parte, los niños con altas capacidades presentan perfiles muy heterogéneos, muy distintos, pudiendo confundir más que ayudar a los padres y educadores todos esos listados.

Sin embargo, hay un fenómeno que sí es característico y habitual en los niños de altas capacidades: la disincronía. Es un desequilibrio en las capacidades de un niño, producido por una diferencia en el ritmo de desarrollo en distintas facetas, y que afecta tanto a su propia dimensión interna, destacando mucho en algunos aspectos y en otros no, como a las relaciones con el entorno (amigos, escuela, familia). Aunque estas disincronías se pueden dar también en la mayor parte de los niños sin alta capacidad, en el caso de los niños que si exhiben altas capacidades las diferencias pueden ser mucho mayores. Este fenómeno está menos presente cuanto más nos aproximemos al perfil de superdotación (talentos complejos, por conglomerados, superdotados), en los que destacan muchas o todas las áreas simultáneamente, y es más evidente en los talentos simples y múltiples, que suponen un verdadero riesgo. El caso más acentuado es el de la doble o múltiple excepcionalidad, es decir, Altas Capacidades (AACC) unidas a un diagnóstico clínico, como puede ser el de las Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA).

Desde el punto de vista escolar, las disincronías con mayor riesgo de problemas de adaptación son las siguientes:

   Disincronías internas:

  • Disincronías entre ámbitos cognitivo y psicomotor:
Se observa en la etapa de infantil y los primeros años de primaria. Importante desarrollo lingüístico o una capacidad excepcional de razonamiento lógico; pero su grafomotricidad no está a la misma altura, e incluso sus patrones corporales son propios de un niño de menor edad. Si el docente es exigente en cuanto a la pulcritud y al dominio de la escritura manual, o pone en evidencia al alumno en las actividades deportivas o en educación física, pueden plantearse problemas de adaptación en el aula que van creciendo conforme avanzan los cursos: rigidez muscular, retraso acusado en psicomotricidad fina y gruesa, dificultades en el trato con los compañeros y los profesores y rechazo a la lectura y al estudio que pueden acabar en fracaso parcial o global.

  • Disincronías entre lenguaje y razonamiento lógico: 
Se puede dar en niños precoces en el área de matemáticas y en niños con problemas de lectura. Su capacidad de razonamiento está a un nivel muy superior a su capacidad de procesar información verbal. Su expresión oral y escrita puede ser pobre, su ortografía deficiente e incluso pueden tener problemas de lectura. Suelen estar considerados más como alumnos con discapacidad que con algún talento específico.

  • Disincronías entre aptitudes cognitivas y aspectos socioemocionales:
Es habitual que los niños sean emocionalmente inmaduros, y que su desarrollo afectivo esté en el furgón de cola de sus capacidades. Si a este hecho se le une un procesamiento de la información muy avanzado para su edad, la reacción de un niño con este tipo de disincronía ante acontecimientos de alta carga emotiva (burlas, acoso, injusticias, rechazo,…) puede generar reacciones que van desde introversión extrema, somatización, ansiedad elevada, depresión, fobias y huidas de la realidad, hasta comportamientos agresivos, rebeldes, negativismo desafiante y falta de control emocional, fruto de una escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para demorar recompensas y poca empatía y resiliencia. Este grupo de niños demuestran grandes dotes intelectuales; pero son un azote para el clima de convivencia de la clase.

   Disincronías externas o sociales

  • Disincronía entre el niño y la escuela: 
Se produce por hecho de convivir en un mismo grupo de niños con diferentes niveles de desarrollo cognitivo. Hay que evitar que en clases muy heterogéneas el ritmo se adapte siempre a los más básicos, ya que los alumnos más capaces, que tienen menos recursos fuera de la escuela para dar respuesta a sus inquietudes, no encuentran ilusión por aprender en la escuela. Estos alumnos aplican la ley del mínimo esfuerzo, y se acostumbran a cumplir un papel muy inferior a lo que podrían realizar, lo que le puede llevar al fracaso escolar en secundaria.


  • Disincronía entre el niño y los compañeros:
Las diferencias entre los alumnos de alta capacidad y los compañeros tiene su influencia en el trabajo en clase y en las relaciones sociales. Las aficiones e intereses de los niños más capaces no se corresponde con los otros niños de su edad. La frustración puede instalarse en ellos y pueden manifestarlo con reacciones desde el aislamiento hasta el enfrentamiento agresivo y desafío a la autoridad.

  • Disincronía entre el niño y la familia: 
Hace referencia a entornos familiares en los que el niño no puede satisfacer sus inquietudes. Si la escuela responde a sus necesidades educativas, esta dificultad puede subsanarse en buena parte; pero si no es así son alumnos candidatos a problemas de conducta que se agravan con el tiempo.

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